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Fecha de publicación:
3/11/2026
Especialistas de la PUCP, el Tecnológico de Monterrey y la Universidad Abierta de Cataluña (UOC) analizaron cómo la inteligencia artificial generativa transforma el aprendizaje y qué habilidades deben fortalecer las universidades para promover un uso crítico y responsable.
La inteligencia artificial generativa está cambiando la manera en que accedemos a la información, aprendemos y resolvemos problemas. Su capacidad para producir respuestas rápidamente plantea una pregunta: ¿qué ocurre con nuestra capacidad de pensar cuando delegamos estas tareas a la tecnología?
Esta interrogante guio el diálogo entre Óscar Pain, director de la Dirección de Asuntos Académicos de la PUCP; Emilia Redolar, profesora y directora del Grado de Psicología de la UOC; y Olaf Román, profesor y líder de la integración de IA en los programas de Educación Continua del Tecnológico de Monterrey.
Pain señaló que la IAGen puede imitar el pensamiento humano mediante el lenguaje natural, lo que plantea interrogantes sobre las capacidades que desarrollamos y aquellas que podríamos dejar de ejercitar. Añadió que el reto es incorporar estas herramientas estratégicamente y con transparencia en el aprendizaje.
Desde la neurociencia, Redolar explicó que la IAGen puede influir en el procesamiento de la información y en la actividad cerebral. Como referencia, mencionó un estudio preliminar del MIT Media Lab que comparó la actividad cerebral de estudiantes que redactaron ensayos sin herramientas externas, con un buscador y con ChatGPT. Los resultados mostraron una mayor conectividad cerebral entre quienes trabajaron sin herramientas, niveles intermedios entre quienes utilizaron un buscador y una menor conectividad entre quienes recurrieron a ChatGPT.
Román destacó que la IA permite acceder rápidamente a información, explorar perspectivas y experimentar con metodologías de enseñanza. Sin embargo, advirtió que obtener un buen resultado no significa necesariamente haber aprendido. Es importante evaluar si los estudiantes comprenden lo que producen con estas herramientas y pueden aplicar lo aprendido para resolver situaciones similares de manera autónoma.
Los especialistas coincidieron en que incorporar la IAGen no debe implicar renunciar a las capacidades necesarias para construir conocimiento de manera autónoma.
Román identificó como habilidades fundamentales la autonomía intelectual, el pensamiento crítico, la metacognición, el juicio ético y la creatividad. Estas permiten que los estudiantes decidan cuándo recurrir a las herramientas y evalúen sus resultados.
Pain también destacó que escribir permite ordenar las ideas y estructurar el pensamiento. Delegar constantemente esta tarea a la IAGen puede reducir las oportunidades de desarrollar la comprensión, la argumentación y la expresión. Asimismo, señaló que, antes de encargar tareas complejas a la IA, los estudiantes deben contar con capacidades básicas para identificar, comparar y analizar información. De lo contrario, podrían saltarse etapas fundamentales del aprendizaje.
Los participantes compartieron estrategias que sus instituciones implementan para integrar la IA en la educación y fortalecer las capacidades de la comunidad universitaria.
Redolar explicó que la UOC incorpora estas herramientas en actividades de evaluación continua y promueve que los estudiantes aprendan a utilizarlas adecuadamente. El propósito es pasar de una perspectiva centrada en detectar o sancionar su uso a otra que priorice la formación y el acompañamiento, y enseñe qué tareas pueden apoyarse en la IA y cuáles requieren trabajo intelectual propio.
En la PUCP, Pain presentó tres líneas de acción: desarrollar estrategias diferenciadas según las disciplinas; fortalecer la alfabetización en IA de docentes y estudiantes, con atención al uso ético y la protección de datos; y generar espacios de intercambio entre docentes para compartir experiencias y explorar nuevas metodologías.
Los especialistas coincidieron en que las universidades deben preparar a sus estudiantes para un entorno profesional en el que la IA asumirá cada vez más tareas. Pain advirtió que algunas actividades que tradicionalmente realizaban quienes se incorporaban al mercado laboral podrían automatizarse. Por ello, destacó la necesidad de dialogar con empresas y otros actores para comprender los cambios en el trabajo y definir qué capacidades deberán desarrollar las nuevas generaciones.
El diálogo dejó una reflexión central: el desafío de la educación superior no es evitar el uso de la inteligencia artificial, sino integrarla sin renunciar a aquello que hace posible el aprendizaje y el pensamiento humano. Para ello, será fundamental diseñar experiencias educativas que promuevan la curiosidad, la reflexión, la argumentación y la toma de decisiones conscientes, manteniendo a la persona en el centro del proceso educativo.