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Fecha de publicación:
25/3/2025
La primera transmisión del 2025 de Diálogos para el Futuro de la Educación, iniciativa impulsada por el Tecnológico de Monterrey, la Universidad Abierta de Cataluña (UOC) y la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), tuvo lugar el miércoles 12 de marzo. En esta sesión, tres expertas en género y diversidad analizaron el seguimiento y la implementación de políticas de igualdad de género en la educación superior.
En este espacio de reflexión interuniversitaria, Mildred Mendoza Michelena, líder de la Oficina Nacional de Género y Comunidad Segura del Tecnológico de Monterrey; Maria Olivella Quintana, coordinadora de la Unidad de Igualdad de la UOC; y Marcela Huaita Alegre, jefa de la Oficina para la Igualdad de Género y Diversidad de la PUCP, compartieron experiencias y propuestas para fortalecer la implementación de políticas de igualdad en la educación superior. A través del análisis de buenas prácticas, se plantearon estrategias para avanzar hacia un modelo universitario más inclusivo y equitativo.
Mildred Mendoza Michelena destacó la importancia de transversalizar la perspectiva de género en todas las áreas de la universidad, señalando que no debe ser una tarea exclusiva de las oficinas de género. Enfatizó la necesidad de flexibilidad para ajustar estrategias, observar buenas prácticas de otras universidades y recoger datos de manera periódica y sistemática de los 24 campus del Tecnológico de Monterrey para optimizar el trabajo. Entre las iniciativas clave del Tecnológico de Monterrey, se mencionó el Plan de Igualdad 2021-2025, cuyo reto actual es comunicar los avances alcanzados sin perder de vista los desafíos pendientes. Además, señaló que este año será crucial para evaluar su impacto, por lo que es fundamental contar con indicadores que permitan un adecuado seguimiento y evaluación, a fin de definir estrategias que garanticen la continuidad en el próximo plan.
Otro eje fundamental ha sido el Protocolo para la Prevención de la Violencia de Género, vigente desde 2017 y revisado en tres ocasiones para adaptarse a los cambios en la legislación y mejorar los procesos. Mendoza enfatizó que el protocolo mantiene una visión ético-moral más allá del marco legal. Además, resaltó el enfoque en la cultura de paz, donde, aunque existen sanciones punitivas, se prioriza la justicia restaurativa, recordando que la universidad es, ante todo, una institución educativa y formativa.
María Olivella Quintana resaltó la importancia del diálogo como herramienta para el aprendizaje conjunto. Mencionó que, en relación con los avances, es fundamental hablar de los marcos conceptuales, es decir, clarificar qué entendemos por plan de igualdad de género o estrategia de género, ya que existen diversas interpretaciones que han evolucionado con el tiempo. Desde los feminismos, se reconoce que no hay una única forma correcta de entender estos conceptos, sino que se debe rescatar lo valioso de cada enfoque. Destacó que algunos planes de igualdad se centran únicamente en la igualdad entre mujeres, mientras que otros incorporan la dimensión de identidad y expresión de género, abordando la identidad de género trans y la diversidad sexual LGBTIQ+, al considerarlos también como parte de la incorporación de la perspectiva de género.
En el caso de la UOC, su plan siempre ha trabajado diversidad de identidad de género y orientación sexual en la comunidad LGBTIQ+ como un solo paquete, integrando además una mirada interseccional que considera otros ejes de desigualdad dentro del colectivo de mujeres. Ahora, con el cierre de su plan 2024, están iniciando un nuevo plan titulado "Igualdad, Diversidad e Inclusión", que ampliará su alcance para incluir no solo género y LGBTIQ+, sino también diversidad cultural, discapacidad y una dimensión interseccional más amplia.
Marcela Huaita destacó la evolución de las políticas de género en la universidad. En 2015, se aprobó la primera política de género para la docencia; en 2017, la política para el respeto de la identidad de género; y en 2020, un Protocolo de prevención, atención y protección para víctimas de violencia de género. Con estos tres documentos fundamentales, y la realización de un diagnóstico de la situación de la universidad, se identificó la necesidad de un enfoque más estructurado. Así, en 2024, se aprobó el Plan Institucional de Género, con un horizonte al 2028, que busca sensibilizar a la comunidad universitaria sobre la importancia de tener tolerancia cero ante el hostigamiento sexual y la violencia basada en género para lograr avances concretos en la reducción de brechas de género, la valoración de la diversidad y la eliminación de cualquier forma de discriminación.
Este plan se articula en cuatro objetivos clave. Primero, sensibilizar a toda la comunidad universitaria , incluyendo docentes, estudiantes, personal administrativo y grupos de investigación, sobre igualdad de género y respeto a la diversidad. Segundo, fortalecer la relación enseñanza-aprendizaje, asegurando que tanto docentes como estudiantes incorporen el enfoque de género El tercer objetivo es la prevención del hostigamiento sexual y la violencia basada en género, promoviendo el bienestar y un ambiente seguro y libre de discriminación. El cuarto busca garantizar la igualdad de participación entre mujeres y hombres en los distintos espacios de la universidad. Una herramienta fundamental en desarrollo es la creación de un Observatorio de Género en la Educación Superior, que permitirá brindar evidencia sobre brechas de género, con indicadores para el adecuado seguimiento y evaluación, así como comparabilidad nacional e internacional.
El diálogo resaltó la importante oportunidad que tienen las universidades para fortalecer e institucionalizar el enfoque de género en sus políticas y mecanismos de seguimiento. Para lograrlo, es fundamental contar con un liderazgo comprometido en la alta dirección, fomentar la participación estudiantil y consolidar una comunidad universitaria involucrada, respaldada con los recursos adecuados para la implementación de estrategias y acciones.
Además de consolidar los avances alcanzados, es clave garantizar su continuidad y sostenibilidad, evitando retrocesos. La mejora continua requiere flexibilidad para ajustar las estrategias según los desafíos emergentes. Sistematizar información, evaluar y adaptar las acciones permitirá generar un impacto real en la transformación de las universidades. De esta manera, se podrá construir espacios académicos más equitativos, inclusivos y comprometidos con la igualdad de género.
Te invitamos a ver el diálogo de manera íntegra dando clic en el video en la parte superior de este artículo y a seguir nuestras próximas ediciones del Diálogos para el futuro de la educación.