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Fecha de publicación:
18/9/2025
Con el propósito de compartir experiencias y avances entre las tres universidades, el encuentro puso sobre la mesa los retos que enfrentan las instituciones de educación superior para asegurar la ética y el aprendizaje en la era de la inteligencia artificial. También permitió reflexionar sobre las oportunidades que ofrece esta herramienta, la necesidad de un uso responsable y la importancia de fomentar una educación crítica y humanista. El panel estuvo integrado por Daniela Gallego, directora de Integridad y Gestión Ética del Tecnológico de Monterrey; Agustí Cerrillo, catedrático de Derecho Administrativo en la UOC; y María Luisa Benavides, jefa de la Oficina de Gestión Curricular y Evaluación de la PUCP.
Daniela Gallego señaló que la inteligencia artificial no solo ha transformado la educación, sino también el mundo laboral, lo que obliga a las universidades a replantearse qué tipo de egresados quieren formar y qué competencias priorizar. A su consideración, no basta con insistir en el pensamiento crítico: es necesario reforzar la tolerancia a la frustración, la gestión de conflictos, la honestidad y otras habilidades blandas que son cada vez más difíciles de cultivar en un entorno mediado por la tecnología. Asimismo, presentó datos de estudios recientes que evidencian que los estudiantes utilizan la IA con mayor frecuencia, incluso cuando está prohibida.
En ese sentido, advirtió que la prohibición resulta inútil. La clave está en establecer reglas claras sobre cuándo, cómo y para qué se puede usar, acompañadas de comités, cursos formativos y políticas que equilibren la formación ética con consecuencias proporcionales ante las faltas. Además, recalcó que la integridad académica es una forma de inteligencia social que debe construirse como parte de una cultura institucional, y no como una responsabilidad aislada de estudiantes o profesores.
Agustí Cerrillo expuso la perspectiva de una universidad en línea, donde el debate sobre integridad académica adquiere especial relevancia, pues existe la percepción de que el fraude es más frecuente que en las instituciones presenciales. Aunque esta creencia no siempre coincide con la realidad, genera presión para establecer mecanismos y lineamientos claros de control.
Considera que la IA es, por un lado, una oportunidad para facilitar la accesibilidad y potenciar las capacidades de estudiantes y docentes; pero, por otro, un gran reto, ya que complica la detección de usos indebidos y amenaza la confianza entre profesores y alumnos.
Como medida para enfrentar un uso desmedido de la IA, señaló que no bastan las herramientas tecnológicas: se requiere un abordaje integral que combine rediseño pedagógico, fortalecimiento de valores como la honestidad y la responsabilidad, y mecanismos institucionales que renueven la confianza entre la comunidad educativa. La clave, concluyó, está en una respuesta colectiva y holística que involucre a toda la universidad en la construcción de un marco de integridad adaptado a la realidad actual.
María Luisa Benavides recordó que el fraude académico no es un fenómeno nuevo, pero que con la irrupción de la IA generativa se ha vuelto más complejo de detectar. Antes podía hablarse de plagio o de contratar a alguien para elaborar un trabajo; hoy basta con acceder a una herramienta tecnológica al alcance de todos. Esto ha incrementado la desconfianza entre docentes y estudiantes, quienes muchas veces dudan de la autoría de lo que el otro produce, ya sea al preparar clases o al entregar tareas.
Benavides también advirtió sobre la posible pérdida de la “voz del autor” como una de las amenazas del uso indiscriminado de la IA generativa: mientras más se delega a la tecnología, más se deteriora la capacidad de expresar ideas propias y desarrollar un estilo académico personal. Por ello, insistió en la necesidad de replantear el diseño de cursos y evaluaciones, mantener un enfoque formativo y abrir espacios de diálogo que permitan definir lineamientos claros y diferenciados según cada disciplina.
Los especialistas coincidieron en la importancia de:
En conclusión, la inteligencia artificial plantea desafíos y oportunidades que las universidades deben afrontar con reglas claras, formación continua y una cultura institucional de integridad. Solo así será posible aprovechar su potencial sin descuidar la misión formativa.